viernes, 9 de junio de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (y 5ª Parte)

Por Fernanda Doyague

6.- EL TRASLADO

Realizadas las permutas del usufructo de los dos edificios, el Ministro de la Guerra quiere conocer por el propio Shelly la forma en que se realizará el traslado desde Alcalá. Por fin, el 15 de marzo, Shelly informa detalladamente del modo en que se procederá; veamos, pues es digno de análisis. Como buen militar diligente y eficaz, el general Shelly de inmediato hace un presupuesto que alcanza exactamente 20.000 reales (la cifra total de ayuda concedida por el ayuntamiento); es decir, no habría coste adicional alguno ni para el Gobierno ni para el colegio, cifra que sería la necesaria para los 15 carros, 3 coches y otros gastos imprevistos. Afirma que el objetivo es conciliar comodidad, orden, y gastos. No era tarea fácil pues no se trataba de trasladar sólo a los cadetes, con ellos vienen tropa, caballos que hay que cuidar, alimentar, alojar “...con el fin de utilizar la marcha para que la ejecuten militarmente no solo los cadetes de la promoción proxima a salir sino los de la inmediata considero que unos y otros la hagan formando una seccion de 36 individuos con la caja y oficinas al cargo de…” (Shelly en escrito al Ministro de la Guerra del 15 de marzo).

Impresionante alarde de disciplina, orden, sentido práctico que sabe aprovechar un traslado nada fácil en un importante ejercicio militar de prácticas. Se plantea como ejercicio, tanto para los alumnos de tercero como de segundo; en consecuencia, se formaría una de sección de 36 alumnos a caballo, a cargo del comandante 2º  jefe, a los que acompañarán un capitán, el cajero, un ayudante y siete oficiales, a lo que se añadiría el número "competente" de soldados, un soldado para cada dos caballos.

Se establece que los individuos de tropa realicen las tareas que los cadetes no pudieran hacer, además de dar pienso, alojar, reconocer caminos. El resto de cadetes, 60, llegarían en diligencias. El jefe de estudios acompañará a la sección montada hasta el puerto de Guadarrama, desde ahí regresaría para poner en marcha al resto.

En ese planteamiento racional se tiene en cuenta la necesidad de que a fecha 1 de abril se anule la cuenta con la administración militar de Castilla la Nueva, dado que se pasaba a otro distrito administrativo, el de Castilla la Vieja.

Satisfechas las necesidades de prontitud, órden, y uniformidad, falta una por llenar y muy principal. Esta es la de que los cadetes pierdan el menor tiempo posible de estudios, para ello puede aprovecharse la Semana Santa que son dias de vacaciones” (Shelly); así el traslado comenzaría el 29 de marzo; tras el descanso de un día en Villacastín, llegarían el 6 de abril, dispuestos a seguir con el curso. Había ganas, necesidad, dinero, tiempo, disciplina y orden para llevar  a buen término este traslado.



Este informe debió parecer perfecto, porque el 22 de marzo el Ministro de la Guerra traslada al Director General de Caballería la resolución de S.M. la Reina; es la Real Orden concediendo autorización para  el traslado del colegio: “...que se traslade a la espresada ciudad de Valladolid el Colegio Militar de Caballería a condición de que tenga exacto y fiel cumplimiento todo lo que ofrece la referida corporación municipal... De Real Orden lo digo a V.E. para su conocimiento y a efectos correspondientes” (22/III/1852), de la que el ayuntamiento se da por enterado a través de su representante, el diputado Maquieira y, oficialmente, por el comunicado del Gobernador Provincial, información transmitida en sesión municipal a fecha de 29 de marzo de 1852.

Las gestiones habían finalizado felizmente. Así manifiesta Maquieira la finalización de las negociaciones: “...y para dar fin a este importante asunto, que si ha tenido muchos contratiempos, ha dado un resultado completamente satisfactorio, creo mi deber manifestar a V.S. y que el Sr. Coronel graduado y Subdirector Don Juan José del Villar se ha hecho acreedor a la gratitud de V.S. por el interés, el celo y actividad que ha manifestado por la traslación del colegio desde Alcalá a esa ciudad de que tantos beneficios han de resultar a esa población. El Sr. Teniente General de Caballería D. Ricardo Shelly ha sido un decisivo protector de la traslación del colegio y merece bien de Valladolid...” (Maquieira).

Dos días más tarde hay un comunicado de la Capitanía General de Castilla la Nueva, dirigido al Ministro de la Guerra, en el que se notifica que se ha emprendido la marcha el 29 de marzo tal y como se había planteado. El 6 de abril los cadetes llegan a Valladolid siendo recibidos por una representación del ayuntamiento que en ese momento contaba con otros representantes (J.R. Guerra, nuevo Alcalde Corregidor).

El periódico el Diario La España (Madrid) en su edición del 27 de abril señala este acontecimiento.
En sesiones municipales del 16 de abril, se notifica a la corporación municipal que todo se ha llevado a cabo felizmente y las gracias que la municipalidad daba a los señores Director General de Caballería y al Subdirector del Colegio Militar de Caballería, a través del diputado y comisionado Maquieira; asímismo se expresa la comunicación de satisfacción por parte de director y del subdirector. Previamente se realizaron algunas obras de acondicionamiento en el edificio, pues había que adaptarlo a su función académica, con las aulas e instalaciones necesarias.



La ciudad acogió maravillosamente bien a los alumnos. Desde aquel momento cualquier acontecimiento vivido en la academia era noticia en la prensa. Así, a principos de agosto, el periódico "El Duero" daba extensa información de las materias de las que se examinaban los cadetes, de los ejercicios prácticos realizados en el Campo Grande y todo ello ante la presencia de Ricardo Shelly: “...que maniobraron en regimiento, ejecutando cuantas evoluciones ordenaba el Director General; última prueba práctica de los conocimientos y de la completa instrucción militar han recibido los cadetes en el brillante Colegio de Caballería”.Ventidós cadetes de la segunda promoción recibieron sus despachos.

7.- LA RELACIÓN ENTRE LA ACADEMIA Y LA CIUDAD

A lo largo de esta larga historia de relaciones entre la Academia y la ciudad ha habido sobre todo entendimiento, no exento de conflictos, principalmente por razones económicas, pero lo que ha sido una constante es que Valladolid no sólo peleó por traer  la academia a la ciudad, sino que siguió peleando para que se mantuviese en ella, dispuesta a realizar todo tipo de sacrificios económicos.
Podemos calificar su relación más bien de hermanamiento.

A partir de la llegada del colegio, las obras en el edificio fueron continuas, como se desprende de la documentación, bien para realizar ampliaciones o bien para su mantenimiento y conservación.
En junio de 1860, la Comandancia de Ingenieros manifestó que se le había mandado hacer un picadero cubierto en la Academia de Caballería, para la cual solicitaba a la ciudad la cesión de 3.000 pies de terreno contiguo al edificio. En julio, el ayuntamiento acordó ceder gratuitamente 2.850 pies superficiales, que, según el informe del arquitecto de la ciudad, eran los necesarios para construir el picadero.



Se rumoreaba por esos días que la academia iba a ser trasladada de Valladolid, cosa que la ciudad trató de evitar a toda costa. El ayuntamiento manifestaba poder ofrecer gratuitamente los terrenos que fueran necesarios: “para nuevas oficinas, por el lado del río, dejando suficiente espacio para las vías públicas que rodeaban el edificio”.

En 1861 se incorpora la Escuela Militar de Caballeria desde Alcalá, llamándose Colegio y Escuela General de Caballería, para lo que es necesario realizar reformas a cargo de los fondos municipales. Al año siguiente se instala el alumbrado de gas, uno de los primeros de la ciudad. Y en 1867 recibe la denominación de Academia Militar del Arma de Caballería.

Las obras fueron constantes entre 1873 y 1875 ante supuestos proyectos de instalar el Establecimiento de Remonta de Baeza y su Escuadrón de Caballería, el ayuntamiento abonaría cantidades de 9.000 reales y 2.056 pesetas respectivamente (El Norte de Castilla, 8/VII/1875).

Tras la visita de Alfonso XII a la academia, la institución ve la necesidad de dotar de mayor suntuosidad al edificio, obras financiadas una vez más por el ayuntamiento. Más tarde otras reformas de conservación (El Norte de Castilla, 3/III/1881). Es en esta fecha cuando, ante la  queja del ayuntamiento, el Ministerio de la Guerra se plantea aceptar ofertas de otras ciudades por el mal estado del edificio.

Después se presupuestaron 26.130,50 pesetas para las reformas necesarias para ubicar la Escuela de Equitación, creada en 1882, y así continúa en los años noventa con reformas en el interior y en sus fachadas que se vieron revocadas (Crónica Mercantil, 5 de agosto de 1894). La corporación municipal se plantea la conveniencia de cederlo ante las "insaciables solicitudes" (Crónica Mercantil del 3/VIII/1893).

El ramo de guerra no tiene interés en esta cesión, textualmente afirma:“si alguna vez ofrecía dicha corporación, con aparente generosidad, el edificio, no debía aceptarlo por el mal estado de conservación”. Finalmente, en agosto de 1910, se cede el edificio y terrenos al ramo de guerra: “a perpetuidad gratuitamente sin ningún gravamen, sin que el Ministerio pueda enajenar el edificio ni su solar, lo que destinara solamente a usos militares”, con una suma de 50.000 pesetas a pagar en 5 plazos.

Cuando se produce el terrible incendio en 1915, el propietario era el Ministerio de la Guerra; mientras el ayuntamiento fue propietario y según documento del 27 de octubre de 1915, había un seguro de 300.000 pesetas con 3 compañías lo que suponía un total de 900.000 pesetas. Según el mismo documento el total de gastos del ayuntamiento en reformas de la academia en los 58 años que fue propietario ascendía a 400.000 pesetas.

Tambien en estos momentos de pesadumbre por el incendio, la ciudad temió perder "su" academia, y no sólo por razones sentimentales, sino también económicas. El Norte de Castilla del 27 de octubre de 1915 afirmaba: “La verdad traducida a pesetas ahí va: La Academia de Caballería gasta, mejor dicho, deja en Valladolid diariamente unos seiscientos duros”.

Los periódicos también se hicieron eco de otras noticias relacionadas con la academia. Las visitas de oficiales de otras academias con sus banquetes correspondientes fueron motivo de una extensa información.

Los Reyes visitaron en numerosas ocasiones el Octógono: en julio de 1858, visitó Isabel II la academia, prestando gran atención a cuantos proyectos se le presentaron, entre ellos el de la construcción de un picadero cubierto. “Tras presenciar una demostración gimnástica ...la Reina visitó el Colegio de Caballería”.



En septiembre de 1903 lo hizo Alfonso XIII con amplia y detallada  información.
Se informaba también de los enfrentamientos entre cadetes y estudiantes. Estamos en el siglo del romanticismo, de la exaltación de sentimientos y en una España en la que crecía un sentimiento antimilitarista a medida que las guerras obligaban a reclutar cada vez más soldados. Sin olvidar la fogosidad de la juventud. Y diez días antes del incendio, otra visita regia: el día 17 de octubre, S.M. el Rey Alfonso XIII visita nuevamente la academia.

Del hermanamiento entre la academia y la ciudad, es testigo "mudo" Zorrilla, cuando en la madrugada de ese 26 de ctubre de 1915 comienza a arder la academia. Toda la ciudad sufrió junto a los militares y cadetes ayudando en ese terrible incendio, que destruyó el famoso Octógono, y se indignó por la tardanza de los bomberos. Finalmente se hizo un llamamiento por parte de todas las autoridades civiles y eclesiásticas para solicitar ayuda del Gobierno.

Y de nuevo el ayuntamiento, ante los acontecimientos, celebra sesión extraordinaria en la que se vuelve a repetir el esfuerzo que está dispuesto a hacer para mantener la academia en la ciudad.
El senador por Valladolid, Royo Villanova, visita al Ministro de la Guerra, general Echagüe, quien le dijo: “Deseo expreso del Rey -y del Gobierno- reconstruir inmediatamente la academia y que desde luego continuara en Valladolid mientras tanto”. “Fue un día doloroso el de ayer para Valladolid. Era el orgullo de Valladolid y honor del Ejército español, la Academia de Caballería, lo que en tres horas ha sido destruido por el fuego". (El Norte de Castilla del 27/X/1915)



La Academia de Caballería fundada en Valladolid y en nuestra ciudad engrandecida, está tan intimamente incorporada a la vida vallisoletana, que el formidable accidente de ayer es para todos los vallisoletanos una desgracia propia. Este edificio con sus enseñanzas está tan intíntimamente ligado a los afectos y a los intereses de Valladolid que la noticia de su destrucción circulaba con rapidez extraordinaria y causaba profundo dolor”.

Nada mejor que estos artículos para expresar ese afecto y reconocimiento de Valladolid hacía la Academia de Caballería. Y pese a los avatares de una historia tan complicada como la propia Historia de España, hoy podemos seguir disfrutando de un edificio y una institución que nos recuerda el esfuerzo y el amor de una ciudad por "su" Academia de Caballería.

Tal es mi historia.
¡A Dios el porvenir, que es quien le sabe!
"Una historia de locos"
Zorrilla, 1852.

miércoles, 19 de abril de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (4ª Parte)

5.- LA INSTALACIÓN DE LA ACADEMIA DE CABALLERÍA EN LA CIUDAD DE VALLADOLID.
5,3.- Las negociaciónes llevadas a cabo

Estas propuestas de cambios de utilidad de los edificios citados en el artículo anterior, para llevarse a efecto, implicaban resolver problemas de propiedad y usufructos. El ayuntamiento era dueño del edificio del Monasterio del Prado, cedido por el Estado desde el 7 de mayo de 1851, pero debía tomar posesión del mismo para, de esta manera, poder utilizarse como prisión (dependiendo del Estado) y dejando disponible el Octógono, destinado en pricipio a presidio modelo. Mera formalidad que se resuelve en escasos días. En efecto, el 27 de octubre de 1851, después de la autorización del Administrador de Contribuciones del Estado, se hace efectiva la toma de posesión del Monasterio del Prado por parte del ayuntamiento por medio de su alcalde, Calixto Fernandez de la Torre, y de Miguel Zorrilla, regidor síndico, ante la presencia del secretario del ilustre ayuntamiento, Pedro Caballero.

Para dar al acto un alcance formal, pero también social, estuvo presidido por las elites de la ciudad, incluso con representación de la familia real por parte de Josefina Fernanda de Borbón, cuñada de Isabel II, hermana de Francisco de Asís, con su esposo, el periodista cubano liberal José Güel y Renté (vivían en Valladolid), el diputado en Cortes, Benito Fernández Maqueira, que jugará un papel importante en este traslado, Manuel Montesinos, además del teniente alcalde y el secretario del Gobierno, Mariano Barrasa. Todos ellos son testigos: “...doy fe” (el secretario del ayuntamineto, Pedro Caballero).

El ayuntamiento, para acelerar la habilitación del Monasterio del Prado como presidio y fijar cuanto antes el colegio en el Octógono, nombra al diputado Maquieira como intermediario y le autoriza a que ofrezca al Gobierno entre 80.000 y 100.000 reales para los gastos de habitabilidad del primero.
Generoso el ayuntamiento, acelera las gestiones todo lo que puede porque así conseguiría dos
objetivos:

  • 1º Alejar definitivamente el presidio del centro de la ciudad.
  • 2º Fijar el Colegio de Militar de Caballería en Valladolid.



Quedaba ahora la gestión del traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid, al edificio de la prisión-modelo, el Octógono. Las negociaciones serán a tres bandas:

1.- Ayuntamiento de Valladolid.
2.- Gobierno de SM.
3.- Dirección General de Caballería.

En todo momento hay un decidido interés de hacer las cosas de forma legal, transparente y de común acuerdo con todas las instituciones implicadas. Esa transparencia explica que el diputado Maquieira, para llevar a cabo las gestiones, “y a fín de orillar las dificultades que se presentan para el despacho del importantísimo asunto del canje del ex convento del Prado y sus consecuencias”, con la aprobación del ayuntamiento y del Gobierno Provincial en sesión municipal del 27 de diciembre de 1851, propondrá y negociará con el Gobierno y con el Colegio Militar de Caballería lo siguiente:

⦁    El ayuntamiento, dueño del Monasterio del Prado, cede al Estado el usufructo del edificio tal como se encuentra.
⦁    El Estado cederá al Ayuntamiento de Valladolid el usufructo del edificio del presidio, intramuros (Octógono), tal como se encuentra.
⦁    Se establece, además, la función de cada uno de ellos:
⦁    El edificio del presidio será destinado por el ayuntamiento a Colegio Militar de Caballería “si así pudiese arreglarse” con el Departamento de Guerra “…o a un objeto de utilidad pública”.
⦁    El Estado no reclamará el presidio (Octógono) antes devolver el Monasterio del Prado.
⦁    Los gastos de conservación y obras serán por cuenta de los usufructuarios (veremos que este será uno de los puntos de conflicto a lo largo de todo el siglo entre el Ayuntamiento de Valladolid y la Academia de Caballería).
⦁    Finalmente, se ofrecen ochenta mil reales por parte del ayuntamiento para ayudar a los gastos de adaptación del edificio del Prado en presidio.






El Gobierno tendrá muy encuenta esta ayuda económica para acondicionar el Monasterio del Prado como presidio. El diputado, al hacer estas propuestas, deja claro que el valor intrínseco de cada edificio es muy distinto, que, por supuesto, el Prado, del que el ayuntamiento era el dueño, vale más de “doble cantidad”, pero que no pretende hacer negocio sino sólo “conciliar las conveniencias del Estado con los suyos propios”.

       Estas propuestas deben ser aceptadas por la Dirección General de Caballería y el Gobierno, hasta ahora son sólo eso, propuestas. El ayuntamiento y la dirección, desde el principio, estuvieron de acuerdo; los problemas vienen del Gobierno, no sólo por la mayor o menor lentitud en las gestiones, sino también por razones económicas como se  deduce de la documentación.
Tras el informe positivo de Shelly, el Ministro de la Guerra, conocedor de la insostenible situación del colegio en Alcalá de Henares, da su visto bueno al traslado a Valladolid y lo pasa al Ministro de Gobernación.

Mientras la ciudad del Pisuerga sentía con gozo y esperanza que la llegada del colegio era casi un hecho, la prensa de Madrid se hacía eco de cómo, desde Alcalá, esta idea del traslado suponía un paso más hacia su definitiva decadencia: “…la desacertada idea, que de algún tiempo a esta parte, bulle en la cabeza de algunos gefes superiores, de trasladar el Colegio Militar de Caballería a otra ciudad, desde la de Alcalá de Henares en que se halla establecido...los grandes perjuicios que con semejante medida se irrogan a una población, a quién parece que la desgracia persigue encarnizadamente. La universidad, fundación del cardenal Giménez de Cisneros, célebre escuela que tantos hombres sabios ha producido, fue suprimida hace años, dejando reducida a Alcalá a un estado lamentable...el Colegio de Caballería resarcía algún tanto a la indicada ciudad de todas sus pérdidas; pero ahora, hasta se trata de quitarle este último recurso, sin motivos de conveniencia o justicia…” (El Observador 20/IX/1851).

El año 1851 se  cerraba con este gran proyecto para el ayuntamiento. En enero de 1852, la comisión sigue negociando sobre las mismas “bases” con el Gobierno y el subdirector (previo visto bueno del ayuntamiento), concretando algún punto más como:

1.- Que se habilite el Prado con premura para trasladar allí a los presos.
2.- El ayuntamiento asumirá los gastos de 20.000 reales para el traslado del Colegio Militar de Caballería desde Alcalá de Henares (ahora se especifica la cantidad).
3.- Que los gastos de habitabilidad del interior del presidio (Octógono) corran a cargo del colegio.

El Ministerio de Gobernación autoriza la traslación del Colegio Militar de Caballería a Valladolid (23 de enero) según las "bases" expresadas por el Director General de Caballería, es decir, con las propuestas que había  gestionado  Maquieira. “Lo que traslado a V.S. a fin de que por el Ilustre Ayuntamiento se acuerde lo que considere más oportuno, sirviéndose participarme el resultado...” (comunicado de fecha 4 de febrero del Gobernador Provincial).



Tras la autorización del Gobierno, el diputado Maquieira envía un escrito  al Director General de Caballería con las propuestas anteriores; ahora concreta: cesión por parte del ayuntamiento al Colegio Militar de Caballería del usufructodel edificio "intramuros" de dicha ciudad conocido como presidio modelo sin retribución alguna. Es decir el colegio se convertirá en un inquilino sin el deber de pagar renta alguna. El propio Maquieira especifica que el usufructo se ceda al colegio y no al Ministerio de la Guerra para que no se alegue ningún derecho por este ministerio y así se asegure su destino exclusivo para el colegio, ya que esta es la condición aceptada. Maquieira ha pensado y dejado claro todas las condiciones:

1º Cesión por parte del ayuntamiento al Colegio Militar de Caballería del edificio intramuros de dicha ciudad conocido como prisidio modelo sin ritribución alguna.
2º Cesión de un terreno destinado a picadero cuya extensión se especifica en 160 pies de lado.
3º  El derecho a poder conducir agua desde la cañería más inmediata:
“una cañería particular que surta a todos los individuos de aquel establecimiento del agua necesaria para la bebida...La bebida de los caballos y otros usos, la tomará del río Pisuerga” (aspecto de vital importancia teniendo en cuenta los problemas de abastecimiento).
4º  El ayuntamiento mantiene el ofrecimiento de la entrega de 20.000 reales de una sola vez para hacer efectivo el traslado desde Alcalá de Henares.
5º Si el colegio se traslada a otro lugar, el ayuntamiento volverá a entrar en posesión del edificio y la acometida del agua.

“Las condiciones francas y desprendidas del Ayuntamiento que llenan cumplidamente cuanto pudiera desearse, harán conocer a V.E. su buena voluntad para qué tenga cumplido efecto la traslación del Colegio y dicha Corporación y los habitantes de Valladolid recibirán con júbilo y cooperarán gustosos en obsequio del bienestar de sus nuevos huéspedes”. (Escrito del diputado  Maquieira al general Shelly del 2 de marzo de 1852).

“Tengo el honor de elevarlo al superior conocimiento de V.E. por sí tiene a bien dar cuenta a S.M. para la resolución que fuere de su Real agrado” (comunicación del general Shelly al Ministro de la Guerra del 3 de marzo de 1852).

Para llevar a cabo la primera condición: ceder el usufructo del edificio del presidio (Octógono) al colegio, el ayuntamiento debía antes tomar posesión del mismo para permutarlo por el convento del  Prado. La Real Orden que lo autoriza es de principios de marzo: “...y de que el edificio (el Octógono) cuyo usufructo se le ceda por este Ministerio haya de destinarse al establecimiento de un Colegio Militar de Caballería” (7 de marzo de 1852).

La cesión del Monasterio del Prado se había pedido para hospital provincial y era necesario que se permitiera adaptarlo para presidio. Esta fue otra gestión que había llevado acabo eficazmente Maquieira ante el vallisoletano Ministro de Fomento, Mariano de Miguel Reinoso Abril. Tal petición había sido realizada por Francisco López Satander al Director de Contribuciones Directas, Estadísticas y Fincas del Estado, Manuel Ruiz del Portal, quien, se supone que por la intervención del ministro, había comunicado al ayuntamiento, el 23 de febrero: “no solamente para dicho objeto (hospital provincial) sino para cualquier otro de utilidad pública local o general y especialmente para presidio correccional”.

Todo había quedado arreglado para ser llevado a cabo sin problemas, pero lo veremos en el siguiente y último artículo.