miércoles, 19 de abril de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (4ª Parte)

5.- LA INSTALACIÓN DE LA ACADEMIA DE CABALLERÍA EN LA CIUDAD DE VALLADOLID.
5,3.- Las negociaciónes llevadas a cabo

Estas propuestas de cambios de utilidad de los edificios citados en el artículo anterior, para llevarse a efecto, implicaban resolver problemas de propiedad y usufructos. El ayuntamiento era dueño del edificio del Monasterio del Prado, cedido por el Estado desde el 7 de mayo de 1851, pero debía tomar posesión del mismo para, de esta manera, poder utilizarse como prisión (dependiendo del Estado) y dejando disponible el Octógono, destinado en pricipio a presidio modelo. Mera formalidad que se resuelve en escasos días. En efecto, el 27 de octubre de 1851, después de la autorización del Administrador de Contribuciones del Estado, se hace efectiva la toma de posesión del Monasterio del Prado por parte del ayuntamiento por medio de su alcalde, Calixto Fernandez de la Torre, y de Miguel Zorrilla, regidor síndico, ante la presencia del secretario del ilustre ayuntamiento, Pedro Caballero.

Para dar al acto un alcance formal, pero también social, estuvo presidido por las elites de la ciudad, incluso con representación de la familia real por parte de Josefina Fernanda de Borbón, cuñada de Isabel II, hermana de Francisco de Asís, con su esposo, el periodista cubano liberal José Güel y Renté (vivían en Valladolid), el diputado en Cortes, Benito Fernández Maqueira, que jugará un papel importante en este traslado, Manuel Montesinos, además del teniente alcalde y el secretario del Gobierno, Mariano Barrasa. Todos ellos son testigos: “...doy fe” (el secretario del ayuntamineto, Pedro Caballero).

El ayuntamiento, para acelerar la habilitación del Monasterio del Prado como presidio y fijar cuanto antes el colegio en el Octógono, nombra al diputado Maquieira como intermediario y le autoriza a que ofrezca al Gobierno entre 80.000 y 100.000 reales para los gastos de habitabilidad del primero.
Generoso el ayuntamiento, acelera las gestiones todo lo que puede porque así conseguiría dos
objetivos:

  • 1º Alejar definitivamente el presidio del centro de la ciudad.
  • 2º Fijar el Colegio de Militar de Caballería en Valladolid.



Quedaba ahora la gestión del traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid, al edificio de la prisión-modelo, el Octógono. Las negociaciones serán a tres bandas:

1.- Ayuntamiento de Valladolid.
2.- Gobierno de SM.
3.- Dirección General de Caballería.

En todo momento hay un decidido interés de hacer las cosas de forma legal, transparente y de común acuerdo con todas las instituciones implicadas. Esa transparencia explica que el diputado Maquieira, para llevar a cabo las gestiones, “y a fín de orillar las dificultades que se presentan para el despacho del importantísimo asunto del canje del ex convento del Prado y sus consecuencias”, con la aprobación del ayuntamiento y del Gobierno Provincial en sesión municipal del 27 de diciembre de 1851, propondrá y negociará con el Gobierno y con el Colegio Militar de Caballería lo siguiente:

⦁    El ayuntamiento, dueño del Monasterio del Prado, cede al Estado el usufructo del edificio tal como se encuentra.
⦁    El Estado cederá al Ayuntamiento de Valladolid el usufructo del edificio del presidio, intramuros (Octógono), tal como se encuentra.
⦁    Se establece, además, la función de cada uno de ellos:
⦁    El edificio del presidio será destinado por el ayuntamiento a Colegio Militar de Caballería “si así pudiese arreglarse” con el Departamento de Guerra “…o a un objeto de utilidad pública”.
⦁    El Estado no reclamará el presidio (Octógono) antes devolver el Monasterio del Prado.
⦁    Los gastos de conservación y obras serán por cuenta de los usufructuarios (veremos que este será uno de los puntos de conflicto a lo largo de todo el siglo entre el Ayuntamiento de Valladolid y la Academia de Caballería).
⦁    Finalmente, se ofrecen ochenta mil reales por parte del ayuntamiento para ayudar a los gastos de adaptación del edificio del Prado en presidio.






El Gobierno tendrá muy encuenta esta ayuda económica para acondicionar el Monasterio del Prado como presidio. El diputado, al hacer estas propuestas, deja claro que el valor intrínseco de cada edificio es muy distinto, que, por supuesto, el Prado, del que el ayuntamiento era el dueño, vale más de “doble cantidad”, pero que no pretende hacer negocio sino sólo “conciliar las conveniencias del Estado con los suyos propios”.

       Estas propuestas deben ser aceptadas por la Dirección General de Caballería y el Gobierno, hasta ahora son sólo eso, propuestas. El ayuntamiento y la dirección, desde el principio, estuvieron de acuerdo; los problemas vienen del Gobierno, no sólo por la mayor o menor lentitud en las gestiones, sino también por razones económicas como se  deduce de la documentación.
Tras el informe positivo de Shelly, el Ministro de la Guerra, conocedor de la insostenible situación del colegio en Alcalá de Henares, da su visto bueno al traslado a Valladolid y lo pasa al Ministro de Gobernación.

Mientras la ciudad del Pisuerga sentía con gozo y esperanza que la llegada del colegio era casi un hecho, la prensa de Madrid se hacía eco de cómo, desde Alcalá, esta idea del traslado suponía un paso más hacia su definitiva decadencia: “…la desacertada idea, que de algún tiempo a esta parte, bulle en la cabeza de algunos gefes superiores, de trasladar el Colegio Militar de Caballería a otra ciudad, desde la de Alcalá de Henares en que se halla establecido...los grandes perjuicios que con semejante medida se irrogan a una población, a quién parece que la desgracia persigue encarnizadamente. La universidad, fundación del cardenal Giménez de Cisneros, célebre escuela que tantos hombres sabios ha producido, fue suprimida hace años, dejando reducida a Alcalá a un estado lamentable...el Colegio de Caballería resarcía algún tanto a la indicada ciudad de todas sus pérdidas; pero ahora, hasta se trata de quitarle este último recurso, sin motivos de conveniencia o justicia…” (El Observador 20/IX/1851).

El año 1851 se  cerraba con este gran proyecto para el ayuntamiento. En enero de 1852, la comisión sigue negociando sobre las mismas “bases” con el Gobierno y el subdirector (previo visto bueno del ayuntamiento), concretando algún punto más como:

1.- Que se habilite el Prado con premura para trasladar allí a los presos.
2.- El ayuntamiento asumirá los gastos de 20.000 reales para el traslado del Colegio Militar de Caballería desde Alcalá de Henares (ahora se especifica la cantidad).
3.- Que los gastos de habitabilidad del interior del presidio (Octógono) corran a cargo del colegio.

El Ministerio de Gobernación autoriza la traslación del Colegio Militar de Caballería a Valladolid (23 de enero) según las "bases" expresadas por el Director General de Caballería, es decir, con las propuestas que había  gestionado  Maquieira. “Lo que traslado a V.S. a fin de que por el Ilustre Ayuntamiento se acuerde lo que considere más oportuno, sirviéndose participarme el resultado...” (comunicado de fecha 4 de febrero del Gobernador Provincial).



Tras la autorización del Gobierno, el diputado Maquieira envía un escrito  al Director General de Caballería con las propuestas anteriores; ahora concreta: cesión por parte del ayuntamiento al Colegio Militar de Caballería del usufructodel edificio "intramuros" de dicha ciudad conocido como presidio modelo sin retribución alguna. Es decir el colegio se convertirá en un inquilino sin el deber de pagar renta alguna. El propio Maquieira especifica que el usufructo se ceda al colegio y no al Ministerio de la Guerra para que no se alegue ningún derecho por este ministerio y así se asegure su destino exclusivo para el colegio, ya que esta es la condición aceptada. Maquieira ha pensado y dejado claro todas las condiciones:

1º Cesión por parte del ayuntamiento al Colegio Militar de Caballería del edificio intramuros de dicha ciudad conocido como prisidio modelo sin ritribución alguna.
2º Cesión de un terreno destinado a picadero cuya extensión se especifica en 160 pies de lado.
3º  El derecho a poder conducir agua desde la cañería más inmediata:
“una cañería particular que surta a todos los individuos de aquel establecimiento del agua necesaria para la bebida...La bebida de los caballos y otros usos, la tomará del río Pisuerga” (aspecto de vital importancia teniendo en cuenta los problemas de abastecimiento).
4º  El ayuntamiento mantiene el ofrecimiento de la entrega de 20.000 reales de una sola vez para hacer efectivo el traslado desde Alcalá de Henares.
5º Si el colegio se traslada a otro lugar, el ayuntamiento volverá a entrar en posesión del edificio y la acometida del agua.

“Las condiciones francas y desprendidas del Ayuntamiento que llenan cumplidamente cuanto pudiera desearse, harán conocer a V.E. su buena voluntad para qué tenga cumplido efecto la traslación del Colegio y dicha Corporación y los habitantes de Valladolid recibirán con júbilo y cooperarán gustosos en obsequio del bienestar de sus nuevos huéspedes”. (Escrito del diputado  Maquieira al general Shelly del 2 de marzo de 1852).

“Tengo el honor de elevarlo al superior conocimiento de V.E. por sí tiene a bien dar cuenta a S.M. para la resolución que fuere de su Real agrado” (comunicación del general Shelly al Ministro de la Guerra del 3 de marzo de 1852).

Para llevar a cabo la primera condición: ceder el usufructo del edificio del presidio (Octógono) al colegio, el ayuntamiento debía antes tomar posesión del mismo para permutarlo por el convento del  Prado. La Real Orden que lo autoriza es de principios de marzo: “...y de que el edificio (el Octógono) cuyo usufructo se le ceda por este Ministerio haya de destinarse al establecimiento de un Colegio Militar de Caballería” (7 de marzo de 1852).

La cesión del Monasterio del Prado se había pedido para hospital provincial y era necesario que se permitiera adaptarlo para presidio. Esta fue otra gestión que había llevado acabo eficazmente Maquieira ante el vallisoletano Ministro de Fomento, Mariano de Miguel Reinoso Abril. Tal petición había sido realizada por Francisco López Satander al Director de Contribuciones Directas, Estadísticas y Fincas del Estado, Manuel Ruiz del Portal, quien, se supone que por la intervención del ministro, había comunicado al ayuntamiento, el 23 de febrero: “no solamente para dicho objeto (hospital provincial) sino para cualquier otro de utilidad pública local o general y especialmente para presidio correccional”.

Todo había quedado arreglado para ser llevado a cabo sin problemas, pero lo veremos en el siguiente y último artículo.

jueves, 9 de marzo de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (3ª Parte)

Por Fernanda Doyague

5.- LA INSTALACIÓN DE LA ACADEMIA DE CABALLERÍA EN VALLADOLID.

5,2.- Los ofrecimientos de la ciudad

Valladolid podía ofrecer numerosos edificios propiedad del Estado, así como una ciudad que presentaba condiciones favorables y que el ayuntamiento enfatizará: “...porque en ella se encuentran muchos medios de prosperidad para el colegio y de importantes economías para el Estado...” (escrito del ayuntamiento al gobierno a fecha 12 de agosto). Sin duda alude a la existencia de edificios públicos y añade: “La situación de este pueblo, su clima, sus producciones, sus artefactos y talleres, guarnicioneros...”.

Ya  se ha comentado el gran número de artesanos que existían en la ciudad, muchos de los cuales eran de primera necesidad para el desarrollo de las actividades de la academia, como herreros, guarnicioneros etc. Se alude también al proyecto del ferrocarril, todo esto, junto con unas elites culturales y que poseía universidad, daban un perfil muy adecuado como sede de esta institución. Sin olvidar: “sus costumbres nada turbulentas...”; es decir, la noble ciudad de Valladolid se manifiesta como salvaguarda de las buenas costumbres y moralidad. En ella existía una larga tradición religiosa (a pesar de la pérdida de la función religiosa de muchos conventos) lo que era muy apropiado para la institución regida por valores y disciplina  intachables.  Además se señalaban: “las obras importantes de sanidad...” ya se había comenzado la obra del brazo norte del rio Esgueva.

No era tampoco desdeñable el ofrecimiento económico del ayuntamiento para “coadyubar a la  traslación  proyectada”. Sin duda un gran esfuerzo económico si tenemos en cuenta su situación de déficit crónico, lo que refuerza la idea del enorme interés en este traslado.

Es decir, el ayuntamiento dejó muy claro desde el principio de las gestiones esas ventajas económicas, estratégicas, culturales e incluso históricas de Valladolid (no olvidemos que había una larga tradición como antigua capital de Corte) En menos de un mes, las altas instituciones implicadas tienen noticia de esta propuesta ¡La suerte está echada!

Todo el proceso fue rápido, quizá porque, si bien el Ayuntamiento de Valladolid tenía interés en el traslado, también el Ministerio de la Guerra y el Colegio Militar de Caballería estaban interesados.
El mismo Director General de Caballería, Ricardo Shelly, (aprovechando precisamente uno de  sus viajes de inspección), se presenta en Valladolid, donde se le ofrecen algunos edificios. Más adelante, es el subdirector del colegio el que la visitaría y presentaría una interesante sugerencia que será la propuesta que se negociará hasta el final y de la que el alcalde dirá:  “… que el edificio que parecía más adecuado a S.Sª (para el colegio) era el presidio modelo y que debería gestionarse el traslado del presidio al Monasterio del Prado” ( sesión municipal de 5/IX/1851).



El ayuntamiento se plantea entonces nombrar una comisión con facultades para que, cerca del Gobierno, de sus ministros y demás dependencias del Estado, gestione estas dos propuestas:

1.- Trasladar el presidio al Monasterio del Prado.
2.- Utilizar el presidio-modelo (Octógono) para el Colegio Militar de Caballería.

El ayuntamiento, consciente de la utilidad para la ciudad de la presencia del colegio, nombrará ese mismo día la comisión.  Como se ha dicho, el Subdirector del Colegio Militar de Caballería, Juan José del Villar, por orden del Director General de Caballería, había visitado Valladolid para reconocer los edificios más apropiados para ubicar el colegio y realizar un informe detallado.

Tras presentarse a las autoridades civiles y militares se acercó a inspeccionar el Monasterio del Prado que era el edificio propuesto por la ciudad en un principio. Este magnífico edificio mantuvo su función religiosa hasta 1821 en que fue suprimida. El Ayuntamiento de Valladolid siempre estuvo alerta para evitar su ruina por tratarse de un edificio histórico y con gran valor artístico. Pocos meses antes de iniciarse estas gestiones se estaba barajando la idea de instalar en el mismo un Hospital Provincial. El ayuntamiento era  ya usufructuario por concesión del Estado.

Tras inspeccionar este edificio no lo considera adecuado como se manifiesta en el informe que enviará a fecha 17 de septiembre a Shelly. Veamos porqué el Monasterio del Prado, a pesar de ofrecer grandes ventajas, “no era adaptable”.

Las ventajas que ofrecía, según el subdirector eran: su buen estado, su aspecto grandioso, su gran patio, sus celdas aptas para dormitorios, la existencia de una sacristía de uso como capilla del colegio, espacio, “... empero tanta ventaja local queda destruida por dos contras en mi concepto insuperables".
 En contra del edificio:

1.- Su mala salubridad, las humedades del Pisuerga y la llegada de las aguas altas; este problema causaba fiebres tercianas y las posibles soluciones no habían funcionado tal como le manifestaba el único padre jerónimo que quedaba.

2.- Sin duda la distancia era el aspecto más insuperable; el Valladolid de 1851 sólo disponía de un puente, el Puente Mayor, para comunicar las dos orillas del Pisuerga. Hay que esperar hasta 1864  para que se haga realidad el Puente Colgante, lo que significaba que, si el colegio se instalaba en el Prado, la distancia respecto al centro era de más de tres kilómetros y sin buena comunicación; eso dificultaría el transporte de víveres, el movimiento del personal y el contacto con la ciudad; es verdad que en proyecto estaba un puente colgante y que así se lo hacen saber al subdirector, pero “…para esa obra según los mismos del ayuntamiento no hay sino buenos deseos”.

Aquí hubieran acabado las gestiones, si no hubiera sido por la   insistencia y decisión del ayuntamiento: “...aquí habría concluido mi comisión, si el Ayuntamiento y el Sr. Gobernador Civil no me hubieran escitado a ver otros edificios… Si la situación de la ciudad no creyese yo fuese adaptable para una institución como esta”. El subdirector es consciente de la importancia de Valladolid, pues disponía de muchos e importantes edificios como resultado de La Desamortización.

Asi pues, decide  visitar también:

⦁    El ex convento de San Agustín que era cuartel de Infantería.
⦁    El ex convento de San Benito, otro importante edificio deshabilitado en 1822, que pasó a depender del Ministerio de la Guerra y se dedicó a cuartel y su iglesia a fuerte;  la prensa del momento da buena cuenta de la pelea de la ciudad para evitar su abandono.
⦁    El ex convento de San Ignacio,
⦁    El ex convento del Carmen
⦁    El ex convento de San Pablo: edificio exclaustrado en 1841; funcionó como presidio hasta su traslado al Prado y después como cuartel; también en este caso la prensa expresa el clamor de la ciudad para mantener “uno de los monumentos más bellos de Castilla la Vieja”, reclamando que la Real Academia de Bellas Artes tome cartas en el tema.
⦁    El Colegio de San Gregorio...

Alguno de estos edificios se pensaba utilizar para cuartel de Caballería lo que, sin duda, era un complemento para el Colegio Militar de Caballería. Pero parece que ninguno de ellos era el adecuado, pero el ayuntamiento sugiere al subdirector que hay un edificio disponible, que pertenece al Estado y que habiendo sido inspeccionado por una comisión, en la que estaba el visitador, Manuel Montesinos y Molina: “...no le habrá parecido bien cuando ha solicitado de S.M. la inspección de las obras, lo cual ha conseguido por medio de una Real Orden” (informe de Del Villar a Shelly)



Se trataba del edificio de la prisión modelo, el Octógono, cuyas obras se habían iniciado en 1846 en los terrenos conocidos como Campo de la Feria, en el lugar donde un siglo antes estuvo a punto de construirse un cuartel de Caballería.

Esta prisión modelo siempre contó con la oposición de la ciudad; su ubicación constituyó toda una serie de tensiones entre la ciudad y el Gobierno. A pesar de la oposición, la Reina exigió del ayuntamiento la cesión en usufructo del terreno sin condiciones. El ayuntamiento se resistía a hacer la acometida de agua para retrasar todo lo posible su finalización y en 1849 se nombró por Real Orden una comisión de inspección que dictaminaría favorablemente, a pesar de las deficiencias, la terminación del edificio.

Pero una segunda comisión nombrada en 1850, a punto de concluirse las obras, formada por el Gobernador de Valladolid, el Visitador General de Presidios del Reino, Manuel Montesinos y Molina, coronel de Caballería y experto en régimenes de prisiones, y el ingeniero jefe del distrito, que debían reconocerlo y entregarlo al Gobierno, informó en contra, rechazándola, según informe posterior de Montesinos, por: “su mal entendida construcción, su perjudicial situación en el centro de la población, mala distribución interior, la falta de luces y ventilación...” (Montesinos al Director de Corrección. Texto del 4/XI/1851 de la hoja de servicios del coronel, publicada en la Revista de Estudios Penitenciarios -Editada por la Dirección General de Prisiones, nº 159 de octubre/diciembre de 1962, página 512-)

 Montesinos afirma que, en su concepto, el convento del Prado reunía todas las condiciones para establecer un correccional, por su capacidad, solidez, ventilación, aislamiento... Así podía quedar sin destino este edificio, para gran gozo de los ciudadanos que se librarían de tener cerca del centro un tipo de gente potencialmente peligrosa.

Juan José del Villar, propone al Director General de Caballería que solicite este edificio para establecer el colegio: “pues...si diré a V.E. que tiene todas las necesarias para colegio quitándole desde luego la parte de carcelario que tiene y haciendo algunas obras indispensables. (del Villar, 17/IX/1851)

En el informe se extiende en la descripción del Octógono, de 160 pies de lado, salas de 22 pies de anchura, patio central, 8 patios trapezoidales, piso principal y bajo. Del Villar lo deja todo atado porque: “Respecto de las aguas ya he hablado con el Ayuntamiento sobre el particular…el terreno que he pedido ha sido un cuadrado de 160 pies de lado sobre la fachada de la espalda, en cuyo espacio hay localidad para construir un picadero de 160 por 80 pies”.



En efecto, tenía un aspecto carcelario que venía dado: “tanto por la ausencia de ornato como porque de las 8 fachadas, 7 están sin hueco a la calle” (decía Madoz en 1849). La fachada principal con 18 huecos era una  fachada de orden dórico y garitas a ambos lados también octogonales. La propuesta del ayuntamiento es la de trasladar el presidio al  Convento de los Jerónimos del Prado, una vez adaptado a prisión...y destinar el Octógono para acoger el Colegio de Caballería.

Esta ubicación del Octógono, era perfecta como el mismo subdirector comunica en su escrito: por su situación frente al Campo Grande, y “del paseo inmediato al Arco de Santiago…en fin es un edificio del Estado y en el se puede gastar sin temor de ser desalojados...” (informe de del Villar del 17/IX/1851)

El ayuntamiento en ese apoyo decidido al proyecto y "aliviado de quitarse de encima un vecino tan incómodo", ofrece al subdirector espacio para el picadero y ayuda económica para el traslado.
El informe que realiza el teniente coronel del Villar es completo, racional, analítico, propio de una mente militar porque expone exhaustivamente las ventajas e inconvenientes de los edificios y sus posibles soluciones. Este informe fue muy decisivo para el traslado del colegio a nuestra ciudad.
El paso siguiente era informar al Ministro de la Guerra, Francisco Lerchundi, por parte del Director General de Caballería sobre estas propuestas.

Shelly no sólo adjunta el informe de Juan José del Villar sino que añade: “...dicho edificio del Presidio sería un excelente local para el establecimiento del Colegio...ofreciéndoles yo por mi parte coadyubar a su pensamiento siempre y cuando ellos por la suya hagan algún esfuerzo...” (Informe del Director General de Caballería al Ministro de la Guerra del 21/X/1851) Aludiendo al ofrecimiento del ayuntamiento en los gastos del traslado y en la contrucción del picadero, insiste en las precarias condiciones del edificio de Alcalá: “...por hallarse en ruinas, no ser propiedad del Estado y por consiguiente no poder gastar en él sumas de consideración” (Shelly)


jueves, 9 de febrero de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (2ª Parte)

Por Fernanda Doyague Garzón



4.-¿COMO ERA LA CIUDAD A MITAD DE SIGLO ?

La  Desamortizacion, el Canal de Castilla, la llegada del ferrocarril y el recubrimiento del Esgueva fueron las causas del gran cambio urbanístico que experimentó Valladolid a lo largo de estos años y de toda la centuria.

Pero veamos antes, a través de los periódicos, como  percibían los vallisoletanos su ciudad. En el periódico de El Correo, en marzo de 1844, se podía leer: …“son sus calles en  lo general anchas y poco tortuosas, desembocando algunas en espaciosas plazuelas que ofrecen a cada paso agradables perspectivas por los edificios y templos de regular arquitectura”. Sin duda es una descripción idealizada, pues si algo sabemos de este Valladolid es, precisamente, lo tortuoso de sus callejuelas, a excepción de la calle Platerías.

Con motivo de la  visita de la Reina Isabel II, en El Norte de Castilla se describe así a la ciudad, a la vez que se halaga a la reina: “La ciudad se encontraba en estado de decadencia y atraso y amenazada -como todas las demás poblaciones de España- de las consecuencias de ese marasmo que las consume, cuando la nueva forma de gobiemo representativo y el advenimiento de Isabel II al trono de las Españas vinieron como dos astros a alumbrar y a dar vida y calor al yerto cadáver de la patria. Desde entonces cambió por completo la forma de su existencia. De aquella fecha data su transformación”. (López Morales, Blas: El Norte de Castilla, 24 de julio de 1858).


El salto urbanístico de Valladolid se produce en los años años 40, que coincide con el auge industrial; entonces se alinean las calles de importancia como la de Santiago, Caldereros (Montero Calvo), Cantarranas, parte de las Angustias, de la Libertad y se reconstruyen los soportales de la Plaza Mayor.

En 1848, se ponen los primeros cimientos para cubrir el ramal interior o norte del Esgueva, que discurría, desde el Prado de la Magadalena, por la calle Esgueva, Catedral, Platerías, Val y Poniente, lugar en el que moría. Esta obra era de vital importancia para la ciudad, porque no sólo era la causa de los olores fétidos por todos los desechos que arrastraba, sino también de las famosas tercianas. Suponía disponer de terrenos, comunicar zonas del interior y con ello grandes cambios en el aspecto de muchas calles. A lo que hay que añadir el gran avance para la salubridad.

También en esta ciudad en transformación surgen paseos, muy del gusto de la burguesía, como el del Espolón, del Prado de la Magdalena, el Campo Grande. Este último fue motivo de una gran defensa por parte de los vallisoletanos, al enterarse que se pensaba construir en su espacio la prisión modelo (el Octógono); esa polémica obligará a construirla al otro lado.

La imagen  que  presenta la ciudad a la llegada de la academia puede  parecerse mucho a lo que nos muestra el grabado de Guesdon realizado en 1854; en él se aprecia claramente el Octógono, en el que ya están abiertos los huecos de la fachada, y se intuye un rectángulo en su parte posterior donde se levantará un picadero en 1861.

Una ciudad cuyo límite natural es el Puente Mayor, del que se habían realizado reformas en los años 20, único nexo con la otra orilla, con huertas y espacios libres; también se distinguen los perfiles de las torres de la Antigua, El Salvador, no así el de la Catedral, cuyas torres se habían derrumbado en 1841 (todo un símbolo de hundimiento del antiguo régimen) y un conjunto de viviendas bajas. Además, el Arco de Madrid, marcando lo que hoy correspondería al Paseo de Zorrilla. Un incipiente Campo Grande con dos hileras de árboles y el Arco de Santiago, llamado también Puerta del Campo, en el tramo final de la calle Santiago, próximo a la actual plaza de Zorrilla, que, tras ser reparado en numerosas ocasiones, no se libró de la piqueta en 1864.

En el plano de 1852 se puede comprobar además del Octógono,  señalado como Colegio Militar de Caballería, el recubrimiento parcial del brazo norte del Esgueva, los dos arcos antes mencionados, así como la cantidad de conventos exclaustrados con terrenos y, por lo tanto, disponibles, tanto para abrir calles para ensanches, como para comunicar unas calles con otras, para usos militares, fábricas, viviendas etc., que es lo que convertirá a Valladolid a lo largo de este siglo XIX en una ciudad moderna.



Como ejemplos de ese cambio, producto de La Desamortización, señalar algunos edificios, en su mayoría conventos, que fueron visitados por el Subdirector del Colegio Militar de Caballería como posibles inmuebles para la instalación del mismo. En este plano vemos señalados:

  • Ex convento de San Juan de Dios,
  • Ex convento de San Benito,
  • Ex convento de San Pablo,
  • Ex colegio de San Gregorio,

Decisivo en la transformación fue la exclaustración en 1835 del convento de San Norberto (premostratense), que ocupaba parte de la actual plaza de España y las calles de Teresa Gil y López Gómez; con La Desamortizacion, pasó a manos del ayuntamiento y a lo largo del XIX fue reutilizado y finalmente derribado. Conventos como el de la Merced que se dedica a cuartel, el del Carmen Calzado que será hospital militar, el de Trinitarios Calzados (en María de Molina) que se vende y donde en parte se levantarán edificios de viviendas, una fábrica de tejidos y más tarde la calle 20 de febrero.

No aparece señalado en este plano el ex Monasterio del Prado por encontrarse extramuros; se volverá a hacer referencia del mismo porque fué el edificio ofrecido posteriormente para prisión. En la segunda mitad de siglo también se derriba el convento de San Francisco; sus solares se reutilizarán, produciendo una fisonomía del centro histórico totalmente distinta con la apertura de las calles Constitución y Mendizábal (hoy Menéndez Pelayo), así como el ensanche de la calle Olleros (Duque de la Victoria) y paseo de San Francisco; en ese entorno se edificarán el Banco Castellano, el Círculo de Recreo y edificios de viviendas.



En el  plano de 1852 y en el grabado de Guesdon aparece sin cubrir el brazo sur del Esgueva porque es posterior a esta fecha, de 1864; su cubrición responderá no solo a razones de salud pública, sino también por el crecimiento de la ciudad hacia el sur, atraídos por el trazado de la línea del ferrocarril y la necesidad de acceso interior.

Se aprecian en el grabado y en el plano, en la acera de Recoletos, los viejos caserones, dos conventos y un ruinoso hospital provincial o de La Resurreción. Esta zona se convertirá a final del siglo en uno de los puntos  más relevantes de la ciudad.

A juicio de la prensa del momento, las necesidades apremiantes de la ciudad eran: la salud pública, que obligaría a la actuación sobre el Esgueva y a realizar el alcantarillado, la expansión de la ciudad y la comunicación interior y, por último, la necesidad de resolver el problema de los edificios singulares de la capital, trabajando en pro de su conservación; esta última relacionada sin duda con la especulación del suelo que con La Desamortización aumentó y produjo un cambio radical de la ciudad. “Mucho queda, sin embargo, todavía que hacer si el buen aspecto, aseo y comodidad que debe ofrecer esta capital han de corresponder dignamente a la alta posición que ha adquirido y sigue adquiriendo por su riqueza y aumento de vecindario”.

Desde un punto de vista urbanístico, se puede afirmar que la ciudad que acoge la academia es la que va dejando de ser una ciudad conventual para convertirse en una ciudad industrial, comercial y militar, más acorde con los nuevos tiempos.

5.-  LA INSTALACIÓN DE LA ACADEMIA DE CABALLERÍA EN LA CIUDAD DE VALLADOLID.

5,1.- Los preliminares

El 6 de abril de 1852 una representación del ayuntamiento recibe a los cadetes a su llegada, quienes reanudarán sus clases en las aulas del Octógono, dejando lejos la vieja y destartalada Universidad Complutense de Alcalá. Era el final feliz de las gestiones que, para tal fin, habían comenzado en agosto de 1851.

¿Pero cómo se gestó el traslado desde Alcalá a Valladolid? El Colegio Militar de Caballería, antes de su llegada, estaba instalado en la Universidad Complutense de Alcalá de Henares. El edificio estaba en ruinas, porque, tras La Desamortización, el inmueble había pasado a manos de distintos propietarios particulares; cuando se estaba negociando su venida a Valladolid, la propiedad era de una curiosa sociedad de "condueños", formada por habitantes de Alcalá y el ayuntamiento cuyo objetivo no era otro que evitar la desaparición del patrimonio, sociedad que no se hacía cargo de las reformas necesarias para que el inmueble estuviese en las condiciones apropiadas. Esta era la situación del edificio en cuyas aulas se formaban aquellos primeros caballeros cadetes.

No es extraño que el Ministerio de Guerra y la alta dirección de Caballería buscasen un edificio más apropiado. A mitad del año1851, el propio Director General de Caballería, el teniente general Shelly, sugiere trasladar el colegio a “otro” lugar: “donde fuese más considerado y mejor recibido”.




El Ayuntamiento de Valladolid, conocedor de la situación en que se encontraba el colegio en Alcalá, se adelanta y ofrece la ciudad y los edificios disponibles como sede para su ubicación. Así hay que entenderlo  cuando en la sesión municipal del 8 de agosto de 1851 se dice: “...acerca de la traslación del Colegio Militar de Alcalá, y creyendo conveniente practicar algunas gestiones para que venga a fijarse a esta Ciudad...”

A partir de este momento, el ayuntamiento pondrá todo su empeño, esfuerzo y apoyo económico para hacer realidad este traslado como se demuestra por la documentación existente. Las negociaciones comienzan en agosto de 1851 y la R.O. por la que se aprueba el traslado es del 22 de marzo de 1852, menos de un año.

En estas negociaciones podemos destacar una serie de personas que fueron claves para llevar a buen término el traslado:

  • Por parte del Ayuntamiento de Valladolid, la iniciativa fue de su alcalde, Calixto Fernández de la Torre, y como intermediario con el Gobierno, el diputado en Cortes Benito Fernández Maquieira. A ellos hay que añadir la comisión formada por Pedro Martínez Sanz, primer teniente de alcalde, y don Mariano Barrasa, regidor, para realizar gestiones con el Gobierno en Madrid.
  • Por parte de Caballería, el Director General, teniente general Ricardo Shelly Comenford y el Subdirector del Colegio Militar de Caballería, el teniente coronel Juan José del Villar. 
  • Por parte del Gobierno de S.M. Isabel II, el  Ministro de Fomento, Mariano Miguel Reinoso (anteriormente alcalde de Valladolid) y el de la Guerra, teniente general Francisco Lerchundi Hormaechea.
  • Sin olvidar la intervención del Visitador General de Presidios del Reino, Manuel Montesinos Molina.


Las gestiones comienzan cuando se envía un escrito del Ayuntamiento de Valladolid al Gobierno de S.M. ofreciendo la ciudad como nueva sede; el  Ministro de Gobernación, Manuel Bertrán de Lis y Ribes, traslada el escrito  al  Ministro de la Guerra, Francisco Lerchundi, para hacerlo llegar al Director General de Caballería, Ricardo Shelly. La petición era: “...de orden de su majestad la Reina paso a manos de V.E. para los efectos que corresponda la exposición que remite el gobernador de la provincia de Valladolid, elevado a S.M por el Ayuntamiento de aquella capital pidiendo se traslade a ella el Colegio de Caballería” (Escrito del 23 de agosto de 1851 del Ministro de la Guerra al Director General de Caballería)


lunes, 23 de enero de 2017

El traslado del Colegio Militar de Caballería a Valladolid en 1852 (1ª Parte)

Por Fernanda Doyague Garzón

1.-  INTRODUCCIÓN

Cuando se acaba de cumplir  el centenario del incendio que acabó con el Octógono, cobra más protagonismo el majestuoso edificio de la Academia de Caballería.

Si hay un edificio emblemático en Valladolid, por el que cada día pasan miles de personas,  es  la Academia de Caballería. El Valladolid del siglo XI no se entendería sin este imponente edificio, sin el Campo Grande, al que está enfrentado, y sin la estatua de Zorrilla con la que parece mantiene un diálogo infinito, ¿Tal vez recordando con nostalgia y de forma poética todo tipo de curiosidades, cambios y avatares que ambos han presenciado de esta su ciudad?

¿Qué es de mí, me preguntas, caro amigo?
¿Por qué, dejando nuestro alegre suelo,
bajo el cielo de Francia busco abrigo?
Nuevas de mí con cariñoso anhelo
me pides… ¡ay de mí! yo de mí mismo
tres años ha que se las pido al cielo.
Tres años ha que en brazos de la suerte
llevar me dejo, y por el mundo vago
como átomo perdido, y voy inerte
sin pedirme razón de lo que hago.
(Una historia de locos, Zorrilla, José. París, 1852)

Sirvan estos versos del poeta escritos en París en el momento en el que se abrían las puertas de este Octógono como posible diálogo entre dos de los iconos de esta ciudad, bien es verdad que cuando se está llevando a cabo el traslado del Colegio Militar de Caballería, nuestro poeta reside en Francia y desconocemos si estaba al tanto de todos los cambios que se estaban produciendo en su ciudad.



El objetivo de estos artículos no es otro que el de rememorar el Valladolid del siglo XIX y explicar cómo se gestó la presencia de esta institución académica en nuestra ciudad.

Si bien el edificio actual de la academia es de los años 20 del siglo pasado, hay que retroceder en el tiempo, hasta 1852, para encontrar la llegada a Valladolid de lo que fue el Colegio Militar de Caballería. Tan sólo dos años antes se había creado y establecido en las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares; había nacido la Academia de Caballería.

El antecedente más cercano del Colegio Militar de Caballería lo encontramos en 1775, cuando el general Antonio Ricardos (Inspector de Caballería) aborda los problemas de la modernización del Arma de Caballería, fundando, en esta fecha, la Real Academia y Picadero de Ocaña para la instrucción de cadetes de Caballería. Desaparece 10 años más tarde

La  primera mitad del siglo XIX no fue muy propicia para la aparición de una Academia de Caballería; la Guerra de Independencia con la aparición de academias simultáneas para resolver los problemas de una larga guerra, la preferencia de Fernando VII por la Guardia Real, siempre que le dejaron, o por una Milicia Nacional, cuando le convenía... todo ello explica que los proyectos que habían comenzado en Ocaña no prosperasen. Incluso Fernando VII en 1823 disuelve todas las academias y al Ejército, lo que no sólo explica su talante absolutista sino el recelo que siente ante un Ejército que le había obligado con su pronunciamiento a acatar la Constitución de 1812.


 
Hay que esperar a 1842, en  el  reinado de su hija Isabel II, apoyada por los liberales  y con unas guerras carlistas, que probablemente hicieron ver la necesidad de un ejército moderno y adiestrado, para encontrar el origen de la creación de un Establecimiento Central de Instrucción de Caballería, fundado en Alcalá de Henares en 1842.

El  proceso termina en 1850 con la creación del Colegio Militar de Caballería. Este colegio se instaló en Alcalá de Henares, en las aulas de la Universidad Complutense, al tiempo que el de Infantería en Toledo, suprimiéndose el Colegio General Militar.


2.- LA IMPORTANCIA DEL EJÉRCITO EN EL SIGLO XIX.

Cuando  se crea el Colegio Militar de Caballeria, el Ejército tenía una gran influencia en la vida pública, debido al hecho de que era una fuerza armada capaz, al menos transitoriamente, de sostener o de reprimir a otros grupos.
Era un ejército ideológicamente liberal porque la Guerra de Independencia había supuesto un cambio en el perfil social de los oficiales y jefes militares, proveniendo ahora de las clases medias. Durante este período la influencia de los militares es incuestionable, ya que a través de los pronunciamientos decidirán quien ocupa el poder.

Así, durante el reinado de Fernando VII, los breves años de liberalismo fueron posibles gracias al triunfo de un pronunciamiento militar (Riego,1820).

Durante el reinado de  Isabel II, que es cuando se gesta la presencia de la academia en Valladolid, el Ejército alcanzará incluso más protagonismo en la vida política española, tanto por su apoyo a la causa liberal e isabelina en las guerras carlistas, como por los pronunciamientos militares  moderados o progresistas que explicarán la alternancia en el poder durante todo el reinado (Narváez, O’Donnell, Espartero, Topete, Serrano, Prim)


 

También el derrocamiento y exilio de la reina se explica por la intervención del Ejército que aprovecha el descontento social del proletariado, la corrupción y la aparición de otras fuerzas políticas para acabar con la monarquía de los Borbones.

En el reinado del nuevo monarca, Amadeo de Saboya, y durante la Primera República, de nuevo los militares jugaron el papel de árbitros. Finalmente, será un pronunciamiento militar, dirigido por el general Martínez Campos, el que reponga a los Borbones en el trono en la figura de Alfonso XII.

3.- ¿COMO Y POR QUÉ SE ELIGE VALLADOLID Y QUÉ INTERÉS TENÍA LA CIUDAD EN ELLO?

El Ejército necesitaba un edificio donde trasladar el colegio, pues la Universidad de Alcalá, donde estaba ubicado desde 1850, no reunía las condiciones necesarias ni era rentable realizar inversiones en el edificio  por tratarse de un inmueble que no pertenecía al Estado. Por otra parte,Valladolid disponía de edificios, producto de la desamortización, y ofrecía grandes ventajas para la ubicación del colegio; en esa década de los cincuenta, era una de las principales ciudades de España y con grandes perspectivas de futuro. Además, había voluntad y empeño en este traslado por todas las partes implicadas y, en especial, por parte del ayuntamiento con Calixto Fernández de la Torre a la cabeza.

Veamos qué ofrecía Valladolid en ese momento y por qué la ciudad también estaba tan interesada en acoger esa institución.

Cuando el ayuntamiento eleva el primer escrito al Gobierno de Su Majestad ofreciendo la ciudad para acoger el colegio, señala, como argumento favorable a tal efecto, su situación; esta era una razón importante porque estaba cerca de la capital del reino con la que en ese momento se comunicaba por diligencias diarias. La red arterial de caminos y carreteras se iba mejorando, permitiendo la comunicación hacia el norte y el sur del país y se encontraba situada en el centro de la región.

Desde 1833, con la nueva división provincial, llevada a cabo por el Ministro de Fomento, Javier Burgos, Valladolid era capital de provincia y capital regional, además de ser sede de la Capitanía General.

 Otras razones esgrimidas fueron su crecimiento económico y el dinamismo que vivía la ciudad a mitad de siglo. Efectivamente, en 1842, el Canal de Castilla ya contaba con tres ramales en servicio; eso supuso la apertura de Valladolid y de la región a un mercado nacional e internacional del trigo y la harina. Este será uno de los motores de cambio de Valladolid, no sólo por el desarrollo comercial e industrial,  sino también porque, en torno al canal, se instalarán fábricas (mayoritariamente harineras), a veces aprovechando conventos exclaustrados que supondrán un cambio en la fisonomía urbana de la ciudad.
Otro incentivo y motivo de optimismo, era la llegada del ferrocarril, todo un símbolo de progreso; el año en que llega el colegio, se aprueba el trazado de la línea Madrid-Irún pasando por Valladolid. El Ministro de Fomento que aprueba este trazado era Mariano Miguel de Reinoso Abril, que había sido anteriormente alcalde de Valladolid.

 Aunque el trazado de la línea es de 1864, cuando se está gestionando el traslado de la academia, este proyecto ya es conocido por los altos mandos de Caballería, lo que sin duda era otra razón a favor de Valladolid como ubicación del colegio por las ventajas que suponía disponer de unas comunicaciones rápidas y fluidas con Madrid.

Así se reconoce en el informe que realizará el subdirector del colegio, Juan José del Villar, al Director General de Caballería: “...como por la inmediata construcción del camino de hierro”.

El Valladolid de mitad de siglo se estaba convirtiendo en uno de los principales núcleos financieros, industriales y comerciales de España. Valladolid, sin duda, era una ciudad con proyección de futuro. Los datos  del comercio de la región en 1850 lo confirman; en ese año el comercio lo forman 460 profesionales que comercian cereales, coloniales, paños, creando una red de sociedades en el eje Valladolid, Palencia, Santander.

La capital se convierte en un importante centro financiero al fundarse el Banco de Valladolid, el Crédito Castellano, la Unión Castellana, además de banqueros particulares animados por la actividad económica.











Desde 1840 se instalan 30 fábricas de tejidos (estameñas, algodón, otros tejidos); sólo la fábrica de Lara Villardiel e hijos producía 5.000 varas de lienzo diarias, a lo que hay que añadir las fábricas de cerámica, curtidos, papelera, harineras...; 28 fabricas de harinas había a mitad de siglo, que aumentan a 59 en1857, facturando una tercera parte de toda la harina de la península.

Este crecimiento económico no fue ajeno a la instalación del colegio,  puesto que suponía tener cubierto el abastecimiento, no sólo de víveres, sino de cualquier necesidad que el colegio pudiera demandar (herrerías, cueros, tejidos…).Y con el crecimiento  económico, el aumento de la población, que a lo largo del siglo se cuadriplicará, porque, a pesar de la alta mortalidad, Valladolid se convertiría en centro de atracción de inmigrantes procedentes del medio rural.Según el padrón municipal de 1863, el 64% de la población activa eran inmigrantes, de los que más del 50% habían llegado, procedentes del campo, entre 1851 y 1863. Eso significa una ciudad en expansión. Al finalizar la década de los cincuenta, su población era de 41.943 habitantes.

 En esta ciudad, que crece, la elite la formaban la burguesía de negocios; en muchos casos, empresarios franceses, Harriet, Pereire, Delibes, fueron verdaderos emprendedores, que ocuparon altos puestos de la administración municipal e intentaron establecer una economía capitalista y un modo de vida afín con su posición, lo que se manifestará en los cambios urbanísticos que se expondrán en el siguiente artículo.



El poder de esta nueva clase social, la rica burguesía, se exhibe en los actos de homenaje con motivo de la llegada de personalidades, como la visita realizada por la Reina Isabel II en 1858. Esas visitas servían como escaparate y trampolín de esta ciudad en expansión.

A mitad de siglo, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural: escritores, libreros, impresores, fotógrafos, editores. Desde 1840, se representan obras en el liceo artístico y literario. Avanzado el siglo, se construyen los teatros Lope de Vega y Calderón. La burguesía exhibe su estatus en salones y cafés como Español, Suizo, Corrillo...Se abre la Academia de Cirugía y Medicina, la Academia de Nobles Artes de la Purísima Concepción y el Instituto de Segunda Enseñanza. En 1847 se crea el Círculo de Valladolid en la acera de San Francisco y en 1853 se traslada a la calle del Duque de la Victoria.

Todo este desarrollo explica la aparición de El Norte de Castilla en 1856, resultado de la fusión de El Avisador y El Correo de Castilla, que será fiel cronista de la Historia de Valladolid y por ello también de la academia.

Sin olvidar que Valladolid contaba con una universidad que a mitad de siglo tenía unos 900 alumnos, que se podría complementar con otra institución también académica como era el Colegio Militar de Caballería. (Alcalá ya no disponía de universidad que se había trasladado a Madrid).

El ayuntamiento, consciente de este dinamismo, no duda en destacar todos estos aspectos para atraer el colegio a la ciudad. Considera que la presencia de esa institución académica no sólo sería otro motor más de dinamismo y crecimiento, sino que, con ella, llegaría a la ciudad una clase social que aumentaría su prestigio.